Arquetipo de la Madre

El Arquetipo de la madre

“Madre sólo hay una”. Esta afirmación tan extendida tiene su parte de razón cuando hablamos de la madre biológica, pero no es así si nos referimos al arquetipo de la madre.

Desde el origen de nuestra propia existencia, empezamos a buscar un arquetipo, un modelo a seguir, un ser que nos permita sentirnos seguros, algo o alguien que moldee lo que somos y seremos. Aquello que nos transmite paz desde los primeros años de vida, le llamamos “madre”.

Cuando imparto formación de Playmobil en terapia y tengo en cuenta la mirada sistémica de las Constelaciones Familiares explico que desde los órdenes del Amor un hijo/a siempre está en deuda con sus padres por qué ellos le dieron la vida y la hija/o no puede devolvérsela.

Una manera de devolver este regalo es volviendo a dar la vida, volviendo a ser madre/padre.

En este instante aparece una pregunta bastante común

-¿Y si no he podido ser madre, cómo devuelvo el regalo de vida?

El arquetipo de madre no es necesariamente la mujer que nos trajo al mundo, si no aquel que llega a ser nuestro cuidador, el que con el paso del tiempo se convierte en todo para nosotros, al grado de transformarse casi en un ser divino.

Cuando alguien se dedica a enseñar a otras personas, a cuidarlas, a ofrecer al mundo sus dones, desde un lugar amoroso está en el arquetipo de madre.

¿Qué significa el arquetipo de madre?

El género femenino viene acompañado del privilegio único de concebir. Desde el mismo vientre, el niño tiene una conexión especial con la madre personal. Las conductas y pensamientos estarán ligados a lo que él mismo tome como arquetipo, sea consciente o inconscientemente.

Con el abrir de la consciencia, la participación se va disolviendo poco a poco y ocurre un cambio, en el que la consciencia empieza a estar en oposición con lo inconsciente, esto es con su propia precondición.

Esta situación compleja hace surgir la necesidad de percibir el arquetipo de madre en otro ser. La abuela materna llega a transformarse a nuestros ojos en el símbolo de sabiduría.

Ser la madre de la madre, la coloca en una posición enaltecida, en el que las cualidades que percibíamos se duplican en un nivel insuperable. Al existir mayor distanciamiento entre lo consciente y lo inconsciente, la abuela materna se vuelve la “gran madre”.

Surge una diferencia bastante marcada entre la madre y la gran madre. Por un lado, un ser divino que nos trasmite paz y por el otro una maligna que nos tramite inseguridad. Estos sentimientos están enlazados con nuestro yo interior, por lo cual, forman parte de la inconsciencia.

Sanar el arquetipo de madre

Si nuestro arquetipo de madre es positivo, debido a que nos impartió amor, atención y bienestar, las señales arquetípicas de “la madre” estarán favorablemente en nuestra vida, reforzando lo que aprendimos en la primera etapa de la infancia.  Nos sentiremos seguros y en plena confianza en nuestro mundo.

Ahora bien, si por el contrario a lo antes mencionado nuestra “madre” no resultó ser un arquetipo favorable, empezarán a salir las señales negativas en nuestro interior: vacío, confusión, abandono, entre otras emociones.

Esta situación impulsa la búsqueda del arquetipo de madre en distintos lugares. Por ejemplo, en la iglesia, o en la madre tierra. También es posible recurrir a la meditación sobre imágenes ideales de seres divinos como lo es María. Por otro lado, el arquetipo de la gran madre actúa como algo psíquico.

Se hace necesario y urgente sanar el arquetipo de la madre. Esto es de suma importancia, ya que  nos permitirá disfrutar de nuestro ser interior. Es como si nos estuviéramos reconciliando con nosotros mismos.

Cuando formamos una madre interna completa, soltamos a nuestra propia madre biológica, y dejamos de lado sus limitaciones en su función de madre. La convertimos en humana, y al hacerlo, nos damos cuenta que nosotras/os también somos humanos y también tenemos nuestras limitaciones.

Aunque amamos a nuestra madre, la vemos como persona, y en cierta forma ponemos una piedra en el pasado. Esto contribuirá a sanar heridas pasadas. Permitimos el desarrollo adecuado de nuestra madre interior.

Desde las Constelaciones Familiares este acto se llama Tomar a la Madre y es igual de importante que Tomar al Padre.

Cómo trabajar el arquetipo de madre

Al trabajar el arquetipo de madre, es necesario conectarnos con la realidad. Es cierto que internamente nos hemos enlazado a un modelo a seguir, pero no debemos permitir que la fantasía de buscar la perfección nuble nuestra vida.

El arquetipo de madre lleva implícito trabajar con distintos arquetipos femeninos. Y cada aspecto de este arquetipo tiene sus “virtudes” y sus “defectos”

Una madre puede ser:

Protectora, creadora, bondadosa, resignada, sacrificada, entregada hacia hijos y marido, utilizando el sexo para procrear, aunque también en este arquetipo una parte destructora y seductora para atrapar al otro, incluso a los propios hijos, a los que puede castrar e impedir que se autorrealicen. Esta madre puede estar buscando un arquetipo de padre o a un padre directamente. En el fondo cuando aparece esta parte del arquetipo de madre, se convierte en una agresora del sexo masculino.

Cómo puedes ver la madre tiene sus luces y sus sombras, sus aspectos dulces y caprichosos, cambiantes, traicioneros…todo está en él y todo está en nosotras/os

Erramos constantemente, de modo que no podemos conseguir en la tierra un arquetipo sin deficiencia. Si aceptamos ese hecho, nos conectaremos más con el arquetipo de madre interior.

Así recurrimos de manera autónoma a las propias herramientas interiores a fin de superar la adversidad. El objetivo de la madre interior es ser consciente de lo que se requiere para mantener el equilibrio y la armonía en nuestra vida.

Los aspectos psicológicos del aspecto de madre

La imagen de la madre se encuentra en constantes cambios. Es de vital importancia, pues transciende desde la psicología de los pueblos a la vivencia individual.

El arquetipo de la madre posee en sí todas las posibles respuestas frente a ese fenómeno psíquico que comúnmente llamamos madre. Todos somos madres independientemente del sexo. Somos madres de nuestros objetivos logrados, de hecho, cuando estamos en plena ejecución de las metas, rebosamos de esperanza y a su vez proyectamos energía positiva.

Cada vez que empezamos un nuevo proyecto, nos convertimos en madres, y sólo depende de nuestro ciclo de creación, gestación y puesta en marcha que este proyecto se lleve a la práctica. Si estás en comunión y resonancia con tu madre y con el arquetipo, desde el asentimiento, es más fácil llevarlo a cabo.

No hay varios arquetipos femeninos, sino solo uno: la gran madre, capaz de diversificarse en múltiples formas, algunas de las cuales parecen contradecir su naturaleza maternal. El ser humano necesita acabar con la madre mala, aquella que no le permite dar los pasos concretos para su realización como persona.

Arquetipo de La Madre María

En nuestra religión, asociamos a la madre con María, madre de Jesús. En ella podemos ver esa protección, creación, pureza, resignación y sacrificio que tanto anhelamos.

Hace muchos años, durante el mes de mayo,  en las clases de mecanografía, el hermano Vicente,  nos hacía recitar esta oración:

Madre mía amantísima, en todos los instantes de mi vida, acuérdate de mí, miserable pecador.

Acueducto de las divinas gracias, concédeme abundancia de lágrimas para llorar mis pecados.

Reina del cielo y de la tierra, sé mi amparo y defensa en las tentaciones de mis enemigos.

Inmaculada hija de Joaquín y Ana, alcánzame de tu santísimo Hijo las gracias que necesito para mi salvación.

Abogada y refugio de los pecadores, asísteme en el trance de mi muerte y ábreme las puertas del cielo.

Recuerdos de un momento pasado, que a menudo me hacen dudar de cuán religioso o espiritual soy en cada instante.

Espero que te haya gustado el texto y ayudado a comprender un poco más sobre el arquetipo de madre, tomarlo, trabajarlo y tomar esa parte de madre que hay en ti y que ofreces al mundo.

Déjame tu comentario o pregunta y te responderé con la mayor brevedad posible.

Te envío un abrazo de corazón a corazón

2 respuestas

  1. Ramón y cuando la madre materna ha sido más inexistente que la propia madre y la gran madre es la abuela paterna, ¿cómo afecta eso en tu día a día y a la hora de hacer un proyecto? Yo pensaba que la parte materna ya la tenía sanada, he perdonado y aceptado mucho, pero después de leerte, me ha surgido esa duda y más ahora cuando estoy gestando mi nuevo proyecto sola. Graciassss

    1. Hola Inma, desde una mirada sistémica, sólo podemos respetar lo que sucedió. En este caso concreto, tu proceso no es tanto perdonar y aceptar, si no asentir a lo que fue. Es más profundo que aceptar (a menudo la aceptación viene desde la cabeza). Aunque alguien del sistema “no esté presente”, nuestra alma puede tomarlo y darle su lugar. “Abuela, respeto tu destino. Tomo lo que me llega de ti a través de mamá”
      Además si estás gestando tu nuevo proyecto sola, recuerda que es importante tener a los dos sistemas contigo. Toma la fuerza de la gran madre paterna y también la de la gran madre materna y al mismo tiempo integra a los hombres dándoles su lugar. Ellos también tienen “madre”. Espero haberte ayudado.
      Te mando un abraza
      de corazón a corazón, Inma

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